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miércoles, 16 de abril de 2014

EL NIÑO QUE COME MAL



¿Tienes problemas porque tu niño o niña "come mal", "no come" o "no quiere comer"?
¿Es una "lucha" hacer que coma?

Te recomiendo leer este artículo del Dr. Jesús Garrido García:

http://www.mipediatraonline.com/consultas-mas-frecuentes/dieta-sana/el-nino-que-come-mal

Espero te sea útil.

Saludos, Zulme Lomelli


lunes, 10 de junio de 2013

¿CÓMO AYUDO A ELEVAR LA AUTOESTIMA DE MIS HIJOS?


La autoestima es el grado en que uno se quiere a sí mismo. Le atribuimos un valor (positivo, negativo, alto, mediano o bajo) a nuestras características personales, como si nos midiéramos con una regla y nos colocásemos en un punto determinado de ella. En este sentido, la autoestima implica conocer las cualidades y defectos que uno tiene.

Desde muy temprano, formamos nuestra autoestima a partir de la interacción con otras personas, a través de varias fuentes:

  1. Los adultos del contexto cercano (padres, maestros, familiares) transmiten mensajes sobre las características de los niños: “linda”, “inteligente”, “simpático”, “terrible”, “travieso”…  Los niños van absorbiendo todos estos mensajes y así se van formando una imagen de quiénes son y cómo son ellos. Por otra parte, los adultos también son los primeros modelos que los niños tienen a imitar.

  1. Los otros niños (en escuela, juegos) actúan también como transmisores y modelos, pero además son puntos de comparación, sobre todo si tienen la misma edad: “él es más avispado que yo”; “yo soy más inteligente que tú”, “los demás son más divertidos que yo”…

  1. A través de la socialización, aprendemos los valores adoptados por nuestra cultura (familia, escuela, medios de comunicación, etc.). La sociedad nos indica cuáles características personales son aceptables y cuáles no son deseables.

¿Cuáles son las ventajas y desventajas de los extremos de la autoestima?

Tendemos a creer que una alta autoestima es deseable porque dispone a la persona para producir y relacionarse mejor con los demás. Se asocia con bienestar, mejor salud, satisfacción y éxito. Sin embargo, cuando la autoestima es muy alta, se corre el riesgo de tener metas demasiado optimistas que pueden resultar inalcanzables, una personalidad arrogante que genere problemas de adaptación a grupos (por creer que los demás son menos eficientes) y carencia de empatía (lo cual haría difícil el establecimiento de vínculos duraderos y confiables a lo largo de la vida).

Por otra parte, una baja autoestima suele considerarse desfavorable para la producción y el desempeño exitoso del individuo en el logro de sus metas. Se asocia con malestar, inconformidad, enfermedad y estancamiento. La baja autoestima es una desventaja en sí misma.

Una muy baja autoestima puede relacionarse con el desarrollo de problemas emocionales (depresión, suicidio), personalidad vulnerable o sumisa (víctimas fáciles), poco poder para tomar decisiones y dificultad para sostener una vida independiente.

¿Cómo podemos ayudar a elevar la autoestima de nuestros hijos?



- Aumentar el contacto cariñoso: abrazar, besar, decir “te amo” con más frecuencia.

- Elogiar sus pequeños y sus grandes logros, aun cuando pensemos que su deber es hacer las cosas bien.

- Aumentar nuestra comunicación. Hablarles más, sermonear menos. Mientras mejor nos comuniquemos, más fuerte será la confianza entre nosotros.

- Apoyarlos para enfrentar el fracaso (acompañarlos en sus aprendizajes, revisar los errores, enseñarles a corregirlos, orientarlos para empezar de nuevo).

- Evitar las descalificaciones y las comparaciones (usualmente, las personas con baja autoestima se sitúan en el lado desfavorecido; por eso se sienten disminuidas).

- LO MÁS IMPORTANTE: aceptarlos como son. Si logramos esto, la consecuencia es que se aceptarán a ellos mismos, serán personas orgullosas y felices.

¡Empecemos hoy!


sábado, 14 de agosto de 2010

¿Pierde la paciencia con sus niños pequeños?


A menudo los padres y madres expresan que pierden la paciencia con facilidad ante los berrinches o las travesuras de sus hijos. Consideran que con algunas de estas acciones los niños los están retando para que finalmente les permitan el objeto o la actividad que desean. Otras veces, dicen sentirse arrepentidos por haber reprendido a sus hijos de forma exagerada y la culpa les hace echarse para atrás en cuanto al cumplimiento de las normas establecidas.
¿Qué debemos hacer los padres y madres, así como otros adultos a cargo del cuidado y la educación de los niños, cuando sentimos que estamos a punto de perder la paciencia? Si usted se hace esta pregunta, las siguientes recomendaciones pueden serle útiles:

- Tome en cuenta la edad del niño o niña. Si son muy pequeños, menores de cinco años, simplemente retírelos de la situación peligrosa y colóquelos a una situación segura. Cuando se trate de agarrar un objeto no permitido, retíreles el objeto y sustitúyalo por otro permitido (p.ej., un peluche, un juguete inocuo, una almohada). Las explicaciones sobre la prohibición deben ser muy sencillas.

- Respire profundo y cuente diez (10) segundos. Esto le ayudará a calmarse y a obtener una mejor actitud para manejar la situación.

- A los niños hay que dedicarles tiempo. Generalmente los adultos estamos demasiado ocupados y nos volvemos un lío para atender a los niños y realizar nuestras obligaciones. En este caso, conviene establecer rutinas de actividades para los niños y aprovechar sus momentos de descanso para encargarnos de lo propio. Si es posible, solicite ayuda de otra(s) persona(s). Los ratos de juego en el corral o el momento en que los niños ven televisión, nos sirven para realizar algunos oficios de la casa mientras ellos están entretenidos.

- No dé por sentado que los niños pequeños entienden todo lo que se les dice ni que actúan conscientes de las posibles consecuencias. Si tienen un pequeño accidente, atiéndalos de inmediato, evitando reprenderlos porque “se portaron mal”. Ellos no podían anticipar las consecuencias de sus acciones. En cambio, explíqueles el por qué del accidente para que no lo repitan después.

- Acostúmbrese a abrazarlos y apoyarlos cada vez que se comportan de la manera adecuada. Así será más fácil que, tanto ellos como usted, estén tranquilos la mayor parte del tiempo.

sábado, 19 de abril de 2008

Integrando a los niños y niñas retraídos


¿Qué podemos hacer para que nuestros niños y niñas participen más en sus actividades de grupo?

Observarlos y evaluarlos, para luego detectar las áreas específicas que deben atenderse. Por ejemplo, es importante distinguir si su falta de interacción se debe a desinterés, problemas de atención o a falta de habilidades sociales.

Promover actividades cooperativas en el aula y en el hogar, donde la función de cada participante tenga la misma importancia que la de los demás y sea indispensable para el logro del objetivo grupal.

Ensayar juegos de roles o dramatizaciones con títeres, fábulas y cuentos. Esto ayuda a que los niños comprendan la diversidad de emociones y modos de pensar de los demás; desarrolla su empatía y su preocupación por los otros.

Fortalecer los hábitos de cortesía, normas de convivencia y las habilidades de comunicación.

Evitar compararlos con niños y niñas que parecen más dinámicos o exitosos, pues lo que se logra con las comparaciones es profundizar los sentimientos de desconfianza e inseguridad hacia sí mismos.

Resaltar sus habilidades y destrezas en otros ámbitos de la vida, como el arte y el deporte.

Para otras recomendaciones, visitar: http://psicologa-sos.blogspot.com/2013/06/como-ayudo-elevar-la-autoestima-de-mis.html

miércoles, 16 de abril de 2008

Niños retraídos: ¿qué tan bueno es ser muy tranquilo?


Los vemos en el patio del colegio y decimos que queremos tener uno como ellos, porque son tranquilos, silenciosos y obedientes. Son la minoría entre tantos bullangueros y revoltosos.

Sí, deseamos que nuestros hijos sean tranquilos, pero, ¿será bueno que lo sean demasiado?

Los niños y niñas con aislamiento o retraimiento, suelen estar apartados del resto, prefieren los juegos en solitario o mantenerse sentados mirando a los demás. Suelen callar sus emociones y necesidades, por lo que evitan pedir lo que necesitan e, incluso, se abstienen de buscarlo por ellos mismos. Sus muestras de afecto pueden ser planas o poco expresivas, no obstante, poseen una excelente capacidad de introspección que les permite comprender mejor sus emociones y controlarlas. Por esta razón, muchas veces los niños con retraimiento, se concentran y aprenden rutinas con más facilidad que otros niños.

La tendencia al aislamiento o retraimiento social, a menudo puede ser confundida con trastornos del desarrollo tales como el déficit de atención, trastornos del espectro autista y retardo en el desarrollo. Una adecuada evaluación puede evitar diagnósticos precipitados. En ocasiones, basta una estimulación diferente para lograr que los niños o niñas más aislados se interesen por las actividades sociales en su grupo de pares.

Es importante observar detenidamente el contexto de relaciones de los niños con retraimiento, si se inhiben sólo ante ciertas personas o situaciones, explorar si hay tensiones continuas en el ambiente familiar o escolar, si se les exige más de lo que pueden dar en determinado momento o si no se les presta atención ni confianza. Mientras más temprano se detecten las causas y se describan las dificultades de interacción, mejor será el desenvolvimiento de estos niños y niñas en su vida social futura.

En la próxima entrega, les presentaré algunas recomendaciones para hacer que nuestros niños y niñas con retraimiento sean más participativos y se integren en las actividades con sus compañeros.

Para otras informaciones relacionadas, visitar: http://psicologa-sos.blogspot.com/2013/06/como-ayudo-elevar-la-autoestima-de-mis.html

sábado, 22 de marzo de 2008

¿Cómo apoyar a los hijos durante el divorcio?


En primer lugar, es recomendable observar si los comportamientos habituales de los hijos cambian en una forma preocupante durante el proceso de separación o divorcio de los padres; es decir, si estos cambios interfieren con el resto de sus actividades, afectan su salud o dificultan las interacciones con otras personas.

Conviene facilitarles la expresión de sus sentimientos de rabia o tristeza en un ambiente seguro, como por ejemplo, el batirse contra un almohadón, si se trata de niños muy pequeños. También se les puede incentivar para realizar actividades artísticas o deportivas, si son niños más grandes.

Es indispensable prepararlos para los cambios que vendrán, informarles sobre las mudanzas, los nuevos horarios, las rutinas y funciones que cada quien deberá cumplir en lo sucesivo.

Padres y maestros deberán comprender que una caída en el rendimiento académico es previsible, pues muchos factores intervienen en el funcionamiento cognitivo de los niños y adolescentes durante el proceso del divorcio: la concentración se dispersa, la atención se debilita, la memoria se bloquea, entre otros efectos. Por estas razones, es indispensable estar preparados para apoyar a los niños y adolescentes en sus estudios durante las fases del divorcio. En este sentido, sería recomendable disponer de formas de acompañamiento para la realización de las tareas y preparación para los exámenes.

Finalmente, se debe evitar poner a los hijos a favor o en contra de alguno de los padres, y evitar también el “juego del muertito” (hacer como si el otro ya no existiera). Esto conduciría al desarrollo de sentimientos ambiguos hacia los padres, lo cual podría repercutir en los vínculos interpersonales que los hijos puedan tener en edades más avanzadas.

En conclusión, la palabra clave en lo que se refiere a la orientación de los hijos de padres que se divorcian es “acompañamiento”, y esto no sólo consiste en estar con los hijos sino también en ayudarlos en sus actividades mientras la familia vive el proceso de la separación.

jueves, 6 de septiembre de 2007

Cosas chocantes que algunas madres hacen y dicen a sus niños pequeños


Amenazar a los niños con que algún extraño, que por casualidad está presente en el mismo tiempo y espacio, los va a regañar o se va a poner furioso con ellos porque se están portando mal: “¡mira!, este señor te va a regañar y te va a bajar del autobús si sigues llorando”. Es terrorismo psicológico; lo que logran estas madres es que los niños tengan miedo de expresarse porque alguien podría hacerles daño. Por otra parte, esta costumbre hace que las madres se despojen de su capacidad punitiva y que los niños no las vean como personas que les pueden castigar. Si ellas no ejercen autoridad, los niños no las respetarán.

Amenazar a los niños con que ellas los van a castigar y luego no cumplen: “Te voy a dar con la correa”… “Te voy a dejar aquí solo, chao”… “No te voy a comprar el helado”… “Se lo voy a decir a tu papá y te va a dar una pela”. También es terrorismo, aunque pasajero, porque si las amenazas no se cumplen, la palabra de mamá no vale nada. Pierden el respeto.

Rendirse ante el berrinche: acceder a las manipulaciones de los niños, para que “se queden tranquilos” o “para que me dejen tranquila”. Están criando a unos tiranos o futuros delincuentes, quienes asumirán que pueden apoderarse de cualquier cosa sin hacer ningún esfuerzo o sin merecerla.

Pretender que los niños pequeños son capaces de decidir y discernir acerca de la disciplina, haciendo que ellos escojan lo que les da la gana de hacer o no, cuando a ellos les dé la gana: “¿quieres ir al baño?”… “¿quieres comer?”… “¿quieres tetero o sopa?”… “¿cuándo vas a guardar tus juguetes?”. Estos niños jamás conocerán los límites.

Halarlos violentamente por un brazo o por las orejas cuando no quieren moverse. No sólo se aprovechan de la superioridad física del adulto y la situación de desventaja para los niños, sino que también corren el riesgo de crearles lesiones que, en ocasiones, pueden ser irreparables.

Decirles: “¡COMPÓRTATE!”… y los niños ni siquiera saben hablar. Los chiquitos se preguntarán en su lenguaje: “¿con qué se come eso?”. Además, desconcertarse si ellos no hacen lo que ellas esperan: “¿acaso no entiendes lo que te digo?”. ¡Por supuesto que no!

Darles explicaciones larguísimas para que cumplan una orden: “te dije que no botaras la comida porque acabo de limpiar el piso y lo estás ensuciando de nuevo. ¿No ves que estoy cansada y no me he cambiado para ir al mercado. Ahora que estás botando la comida tengo que limpiar y… ¿Vas a seguir?...” La orden no es clara y se pierde entre tantas palabras. Incluso se pierde el objetivo del mensaje, se cambia el tema. Debe darse la orden clara, sencilla y firme una sola vez: “no botes la comida”. De no cumplir, se repite la segunda vez anunciando una consecuencia negativa si desobedece: “no botes la comida. Si lo haces, recogerás lo que botaste y sólo comerás cuando lo hayas limpiado todo”. Si no funciona, se aplica la consecuencia.

Dejar que tomen tetero hasta los trece años. A los dos años ya se ve feo. No se dan cuenta de que esto produce malformaciones en la boca y la dentadura, problemas para digerir alimentos sólidos y alteraciones en el desarrollo del lenguaje. Los músculos que no se ejercitan, se atrofian.

Protegerlos excesivamente del “sereno”, por creer que les puede dar gripe o neumonía. La gripe les va a dar en algún momento. La neumonía, quién sabe.
Pueden proponer otros temas para desarrollarlos aquí, enviándome un mensaje al correo: psicologa.sos@gmail.com. También pueden escribirme si necesitan hacer una cita para una asesoría personal.
¡Hasta la próxima!

jueves, 5 de julio de 2007

CLAVES PARA MANEJAR UN BERRINCHE


Los berrinches son manifestaciones de los niños cuando sienten frustración, ira, miedo o tristeza. Las conductas comunes son gritar, llorar, patalear, lanzarse al suelo y darse golpes, entre otras. A veces se acompañan de orinar, defecar o vomitar. El objetivo es atraer la atención de los adultos a su cuidado sea para pedir alguna cosa, protestar por algo que se les quitó o escapar de una situación que no les agrada.

¿Por qué ocurre un berrinche?


Los berrinches son comunes entre los dos y los tres años, cuando los niños comienzan a estar conscientes del conflicto y su limitado lenguaje apenas les alcanza para expresarse con palabras, resultando más efectivo expresarse a través de este tipo de comportamiento. Son manifestaciones propias del desarrollo, de manera que el presentar berrinches de vez en cuando no significa que algo malo esté pasando con los niños.

La similitud de los comportamientos que los niños de diferentes culturas exhiben cuando tienen un berrinche y el rango de edad en que suele ocurrir, hace pensar que se trata de patrones arraigados a través de la evolución del ser humano y que tienen una función de preservación: “niño que no llora, no mama”.

Una vez trascendido el objetivo biológico que consiste en la satisfacción de una necesidad física como, por ejemplo, asegurarse el alimento; los berrinches se convierten en excelentes medios para obtener otras cosas y manipular a los adultos para conseguirlas. Los niños entienden esto perfectamente. Por ello, la aparición de estas manifestaciones es una señal para que los adultos cuidadores pongan en práctica estrategias para enseñar a los niños a manejar sus emociones.

¿Qué deben hacer los padres y adultos cuidadores cuando un niño tiene un berrinche?
1. Observar muy bien al niño para identificar la posible causa del berrinche: frustración por algo que perdió o se le quitó, ira, hambre, sueño, manipulación, entre otras.
2. Llevarlo a un lugar seguro para que pueda desahogarse. Si no lo hay, cargarlo y sacarlo del lugar donde se inició el berrinche (técnica del "tiempo fuera"). Explicarle que estará en ese lugar durante un tiempo, hasta que se calme.
3. Hablarle mientras se desahoga, explicándole que usted entiende su molestia, pero que sólo le prestará atención cuando se calme. Esto ayudará al niño a distinguir sus sensaciones y emociones durante y después del berrinche, de manera que aprenda a utilizar palabras para expresarse cuando vuelva a experimentar la frustración.
4. Abrazarlo o felicitarlo cuando se calma. Al mismo tiempo, aprovechar para describirle la sensación de bienestar que tiene en este momento. Por ejemplo: "estabas muy bravo y te sentías mal, ahora estás tranquilo, te sientes mejor, ¿verdad?. Ya pasó".
Datos finales: no sea blando
Tenga en cuenta lo siguiente:
Nunca debe darle al niño lo que pide. Éste entenderá que su petición es inaceptable.
Ignore sus expresiones. Déjelo gritar y llorar en su lugar seguro. Llegará el momento en que se canse.
Tenga siempre paciencia y constancia. Evite flaquear o alterarse con violencia. No se salga de sus casillas. Es mejor que usted salga de la situación (tiempo fuera) en vez de engancharse con el berrinche del niño.
Póngase de acuerdo con los demás adultos cuidadores, en cuanto a la forma de manejar los berrinches. Si usted decide una cosa y otro adulto se la anula, el niño sabrá a quién más montarle el "show" y no servirán sus buenos intentos.
Demuéstrele cariño más a menudo, no sólo porque se calma. Los niños necesitan el alimento de las caricias para sentirse seguros y ganar auto-estima.
Con estas recomendaciones, espero que puedan resolver más de un berrinche. Verán que ustedes ganarán más confianza en sus propias capacidades y estarán más dispuestos a expresar amor a sus hijos.
Pueden proponer otros temas para desarrollarlos aquí, enviándome un mensaje al correo: psicologa.sos@gmail.com. 
¡Hasta la próxima!