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martes, 27 de octubre de 2015

APRENDIENDO JUNTOS A GANAR CONTROL EMOCIONAL



Los doctores Berry Brazelton y Joshua Sparrow, en su libro "El método Brazelton. La disciplina" (2003), sostienen que muchas veces los niños pequeños se asustan debido a la intensidad de sus propios sentimientos. Esto hace que sus comportamientos se desborden y los padres se enfurezcan también.

Para manejar las crisis de ira en nuestros niños y niñas, el principio clave es aprender a controlar nuestra propia emoción. Como en todo aprendizaje, se requiere de motivación, práctica y constancia. Brazelton y Sparrow recomiendan:

1. Ayudar al niño o niña a sentirse seguro(a) al experimentar sus emociones, hasta que pueda hacerlo por sí mismo(a). 

2. Distinguir diversas emociones.

3. Reconcocer las relaciones entre emociones y situaciones particulares.

4. Identificar y nombrar sentimientos.

5. Identificar y prever aquello que desencadena las emociones.

6. Encontrar maneras de tranquilizarse o expresar emociones.

7. Pedir ayuda cuando la necesita para manejar sentimientos.

8. Aceptar y valorar  los sentimientos, pues son parte de su ser.

Podemos poner en práctica todas estas sugerencias a través de actividades sencillas y cotidianas. Por ejemplo, podemos leer cuentos y hacer teatro, sea con títeres o actuando nosotros mismos con nuestros(as) niños(as) y luego comentar acerca de lo que sucedió en la historia: ¿cómo se sentían los personajes?, ¿por qué se sentían así?, ¿cómo expresaron sus sentimientos?, ¿qué ocurrió después?, ¿cómo se resolvió la situación?, etc.

Es fácil. ¡Podemos lograrlo!


miércoles, 16 de abril de 2014

EL NIÑO QUE COME MAL



¿Tienes problemas porque tu niño o niña "come mal", "no come" o "no quiere comer"?
¿Es una "lucha" hacer que coma?

Te recomiendo leer este artículo del Dr. Jesús Garrido García:

http://www.mipediatraonline.com/consultas-mas-frecuentes/dieta-sana/el-nino-que-come-mal

Espero te sea útil.

Saludos, Zulme Lomelli


sábado, 14 de agosto de 2010

¿Pierde la paciencia con sus niños pequeños?


A menudo los padres y madres expresan que pierden la paciencia con facilidad ante los berrinches o las travesuras de sus hijos. Consideran que con algunas de estas acciones los niños los están retando para que finalmente les permitan el objeto o la actividad que desean. Otras veces, dicen sentirse arrepentidos por haber reprendido a sus hijos de forma exagerada y la culpa les hace echarse para atrás en cuanto al cumplimiento de las normas establecidas.
¿Qué debemos hacer los padres y madres, así como otros adultos a cargo del cuidado y la educación de los niños, cuando sentimos que estamos a punto de perder la paciencia? Si usted se hace esta pregunta, las siguientes recomendaciones pueden serle útiles:

- Tome en cuenta la edad del niño o niña. Si son muy pequeños, menores de cinco años, simplemente retírelos de la situación peligrosa y colóquelos a una situación segura. Cuando se trate de agarrar un objeto no permitido, retíreles el objeto y sustitúyalo por otro permitido (p.ej., un peluche, un juguete inocuo, una almohada). Las explicaciones sobre la prohibición deben ser muy sencillas.

- Respire profundo y cuente diez (10) segundos. Esto le ayudará a calmarse y a obtener una mejor actitud para manejar la situación.

- A los niños hay que dedicarles tiempo. Generalmente los adultos estamos demasiado ocupados y nos volvemos un lío para atender a los niños y realizar nuestras obligaciones. En este caso, conviene establecer rutinas de actividades para los niños y aprovechar sus momentos de descanso para encargarnos de lo propio. Si es posible, solicite ayuda de otra(s) persona(s). Los ratos de juego en el corral o el momento en que los niños ven televisión, nos sirven para realizar algunos oficios de la casa mientras ellos están entretenidos.

- No dé por sentado que los niños pequeños entienden todo lo que se les dice ni que actúan conscientes de las posibles consecuencias. Si tienen un pequeño accidente, atiéndalos de inmediato, evitando reprenderlos porque “se portaron mal”. Ellos no podían anticipar las consecuencias de sus acciones. En cambio, explíqueles el por qué del accidente para que no lo repitan después.

- Acostúmbrese a abrazarlos y apoyarlos cada vez que se comportan de la manera adecuada. Así será más fácil que, tanto ellos como usted, estén tranquilos la mayor parte del tiempo.

jueves, 6 de septiembre de 2007

Cosas chocantes que algunas madres hacen y dicen a sus niños pequeños


Amenazar a los niños con que algún extraño, que por casualidad está presente en el mismo tiempo y espacio, los va a regañar o se va a poner furioso con ellos porque se están portando mal: “¡mira!, este señor te va a regañar y te va a bajar del autobús si sigues llorando”. Es terrorismo psicológico; lo que logran estas madres es que los niños tengan miedo de expresarse porque alguien podría hacerles daño. Por otra parte, esta costumbre hace que las madres se despojen de su capacidad punitiva y que los niños no las vean como personas que les pueden castigar. Si ellas no ejercen autoridad, los niños no las respetarán.

Amenazar a los niños con que ellas los van a castigar y luego no cumplen: “Te voy a dar con la correa”… “Te voy a dejar aquí solo, chao”… “No te voy a comprar el helado”… “Se lo voy a decir a tu papá y te va a dar una pela”. También es terrorismo, aunque pasajero, porque si las amenazas no se cumplen, la palabra de mamá no vale nada. Pierden el respeto.

Rendirse ante el berrinche: acceder a las manipulaciones de los niños, para que “se queden tranquilos” o “para que me dejen tranquila”. Están criando a unos tiranos o futuros delincuentes, quienes asumirán que pueden apoderarse de cualquier cosa sin hacer ningún esfuerzo o sin merecerla.

Pretender que los niños pequeños son capaces de decidir y discernir acerca de la disciplina, haciendo que ellos escojan lo que les da la gana de hacer o no, cuando a ellos les dé la gana: “¿quieres ir al baño?”… “¿quieres comer?”… “¿quieres tetero o sopa?”… “¿cuándo vas a guardar tus juguetes?”. Estos niños jamás conocerán los límites.

Halarlos violentamente por un brazo o por las orejas cuando no quieren moverse. No sólo se aprovechan de la superioridad física del adulto y la situación de desventaja para los niños, sino que también corren el riesgo de crearles lesiones que, en ocasiones, pueden ser irreparables.

Decirles: “¡COMPÓRTATE!”… y los niños ni siquiera saben hablar. Los chiquitos se preguntarán en su lenguaje: “¿con qué se come eso?”. Además, desconcertarse si ellos no hacen lo que ellas esperan: “¿acaso no entiendes lo que te digo?”. ¡Por supuesto que no!

Darles explicaciones larguísimas para que cumplan una orden: “te dije que no botaras la comida porque acabo de limpiar el piso y lo estás ensuciando de nuevo. ¿No ves que estoy cansada y no me he cambiado para ir al mercado. Ahora que estás botando la comida tengo que limpiar y… ¿Vas a seguir?...” La orden no es clara y se pierde entre tantas palabras. Incluso se pierde el objetivo del mensaje, se cambia el tema. Debe darse la orden clara, sencilla y firme una sola vez: “no botes la comida”. De no cumplir, se repite la segunda vez anunciando una consecuencia negativa si desobedece: “no botes la comida. Si lo haces, recogerás lo que botaste y sólo comerás cuando lo hayas limpiado todo”. Si no funciona, se aplica la consecuencia.

Dejar que tomen tetero hasta los trece años. A los dos años ya se ve feo. No se dan cuenta de que esto produce malformaciones en la boca y la dentadura, problemas para digerir alimentos sólidos y alteraciones en el desarrollo del lenguaje. Los músculos que no se ejercitan, se atrofian.

Protegerlos excesivamente del “sereno”, por creer que les puede dar gripe o neumonía. La gripe les va a dar en algún momento. La neumonía, quién sabe.
Pueden proponer otros temas para desarrollarlos aquí, enviándome un mensaje al correo: psicologa.sos@gmail.com. También pueden escribirme si necesitan hacer una cita para una asesoría personal.
¡Hasta la próxima!